242017Mar

EL PROBLEMA DE LAS DIETAS…

Autora:  Nuestra colaboradora Rebeca Hidalgo. Médico psiquiatra. Especialista en Trastornos alimentarios.

Los trastornos de la alimentación han sido reconocidos y descritos desde los principios de la civilización occidental, si bien eran  considerados antiguamente un problema menor… Hoy en día,  sin embargo,  han cobrado una especial relevancia en los países industrializados y su frecuencia parece estar aumentando en los países en vías de desarrollo, llegando a constituir un auténtico problema social. De este modo, han pasado de ser ocultas enfermedades psiquiátricas, a ocupar un lugar  privilegiada en los titulares, prensa y revistas.

La esquelética desnudez de la ya fallecida Isabelle Caro, la modelo anoréxica retratada por el polémico fotógrafo Olivero Toscani para la campaña publicitaria de una marca de ropa joven, fue, sin lugar a dudas, una de las imágenes más repetidas en la prensa diaria durante el 2007 con el objetivo de abordar el tema de los Trastornos del Comportamiento Alimentario. La fotografía, según el autor y la propia protagonista, no fue más que una manera de alertar al mundo de los peligros que entraña la anorexia nerviosa, enfermedad que en España padece ya un 2% de la población. Las tasas de incidencia actuales oscilan  entre el 4 y 6,4% para la población femenina y entre el 0,3 y el 1% para la masculina, con una rango de edad comprendido entre los 12 y 21 años, siendo cada vez más alarmante el inicio prepuberal de dichos trastornos.

En la actualidad, el estado del conocimiento, nos permite poder afirmar que la causa de los trastornos de alimentación es biopsicosocial, ya que intervienen tanto los factores genéticos y biológicos como los psicológicos, familiares y sociales-culturales. De hecho, son estos últimos, los que cobran especial relevancia en nuestra sociedad actual, considerándose que estos trastornos  están asociados indisolublemente a la cultura. El énfasis y valor que nuestra sociedad otorga a los cuerpos delgados, especialmente en las  mujeres, contribuye probablemente al desarrollo y prevalencia comentado de estos trastornos, actuando como factores precipitantes y mantenedores de los mismos. La delgadez se ha convertido en metáfora del éxito y la gordura del fracaso; de este modo la extrema delgadez  y la belleza se han postulado como pasaporte  necesario para el triunfo,  la aceptabilidad y el éxito en nuestra competitiva sociedad.

Los medios de comunicación nos recuerdan que una persona atractiva  debe parecerse a una determinada imagen idealizada. De esta manera, es sabido que socialmente, a determinadas estrellas de cine o a las modelos, debido a sus características físicas, se les atribuyen cualidades y elementos positivos: una vida feliz, un elevado estatus económico, el triunfo social…cualquier elemento relacionado con esos personajes, desde el punto de vista de la colectividad, no hará, sino ser entendido como algo que contribuye a esa aureola de glamour que rodea al personaje. De este modo las revistas dirigidas fundamentalmente  al público femenino muestran una intensa presión pública en favor del adelgazamiento.

Llegada esta época estival, la rentabilidad económica de la industria relacionada con el  moldeamiento del cuerpo y de la moda  promueven más que nunca sobrevalorar el logro de un cuerpo cuyo arquetipo morfológico está representado  por una mujer delgada de líneas  rectas  y trazos esqueléticos y por una figura masculina musculada, exenta de atisbo de  redondez.  De hecho, numerosos estudios realizados sobre  los factores de riesgo  para el desarrollo de estos trastornos coinciden en que la insatisfacción de las adolescentes con su imagen y su deseo de  reducir peso alcanza hasta el 50 % y que el éxito y aceptación por parte de sus iguales está vinculado a estos patrones.

Es esa mujer adolescente, que está padeciendo los cambios morfológicos propios del crecimiento puberal quien empieza a percibir la valoración de la propia imagen en relación con su grupo de amigos y a ser más sensible  a  las presiones culturales tales como comentarios de familiares, conocidos, publicidad…. Esta chica se sentirá  impelida a considerar la “fealdad” de cualquier “forma diferente” y considerará el culto al cuerpo  como un valor en alza.

No es de extrañar, por ello, que  sea en la adolescencia y en la juventud temprana, épocas de  mayor  sensibilidad a los estándares de la sociedad y a las opiniones de los otros, cuando  muchas  chicas decidan ponerse “a dieta”, el predictor más importante de los nuevos trastornos alimenticios. Cuanto más rígido sea su intento por perder peso,  mayor será la probabilidad de perder el control y acabar comiendo  descontroladamente  y a destiempo y a su vez mayor la probabilidad de padecer un trastorno de conducta alimentaria.

Se ha demostrado que la  mayoría de las decisiones  de iniciar una dieta  se basan no en que  el descenso ponderal sea médicamente recomendable, sino en una percepción distorsionada sobre el cuerpo, que como hemos señalado anteriormente presentan ya la mitad de nuestras jóvenes. Ese cuerpo  particular y único, biológicamente determinado, no suele coincidir con el canon estético actual (menos mal!), pero obliga por ello a inhumanos sacrificios a nuestros vulnerables jóvenes que se ven ¨obligadas¨ a conseguirlo cueste lo que cueste, aunque el peaje sea su salud y en ocasiones, y no en porcentaje desdeñable, también sea su vida.

Padres, educadores, profesionales sanitarios y la sociedad en general, debemos  proponernos como meta a conseguir la adquisición de un estilo de vida saludable  en nuestros niños y adolescentes y específicamente en lo que respecta a los hábitos de alimentación, persuadiendo de este modo a los medios de comunicación al mismo tiempo para que incluyan a otros modelos corporales entre sus  contenidos, que desmitifiquen  el “cuerpo ideal” en favor de la belleza genuina y auténtica de cada  “cuerpo real”.

La propuesta reflexiva  que nos hacemos los  profesionales dedicados a la salud mental es plantear oposición  ante la ya universal conformidad con el “ideal de delgadez”, los valores de “individualización” y “aceptación”, sin llegar a caer en el tópico de trasmitir que la delgadez sea mala, sino que un amplio rango de formas y tallas es aceptable y deseable en nuestra sociedad y para nuestras jóvenes.

Rebeca Hidalgo

Médico psiquiatra. Especialista en Trastornos Alimentarios.