Testimonio Paloma

By 12 abril, 2000Testimonios

Un día decidí que no quería seguir más así, saltando de dieta en dieta y obsesionada con mi peso, pero no fue la primera vez, sino una de tantas. Me había propuesto cambiar muchas veces, pero al final siempre volvía a lo mismo, y el sufrimiento y la culpa por comer cada vez eran más grandes. Hasta que fue insoportable. No podía comer fuera de casa, no dejaba que nadie me cocinara y pesaba todo lo que comía, me levantaba pensando en la comida y el peso era lo que determinaba mi estado de ánimo cada día. También me obsesioné con las etiquetas de los productos y las calorías que ingería a lo largo del día. Hasta que comprendí que necesitaba ayuda.

Aunque todavía estoy en proceso de recuperación, con el tiempo he entendido que es un camino que no se puede hacer sola, por eso regresaba al mismo punto una y otra vez (o peor). Cuando aprendí a andar, mi madre estaba allí para darme la mano y levantarme cuando me caía: esto es para mí el Centro de Psiconutricion LyS. Ellas me dan la mano y me levantan, porque me sigo cayendo, pero a diferencia de antes, ya no estoy sola. Estoy, de nuevo, aprendiendo a alimentarme y a cuidar de mí, a escucharme. Es normal que cometa errores y no sea un camino sencillo. Recuerdo decirles en la primera consulta que ya no sabía lo que era la sed, simplemente bebía dos litros de agua porque había que hacerlo. Tampoco escuchaba las señales de mi cuerpo y, por culpa de leer información en internet y escuchar a personas equivocadas que me prometían la alimentación perfecta, confundí atracones con hambre, y delgadez con salud. Y terminó afectando a mi salud mental.

El proceso no está siendo sencillo, pero he recuperado la libertad que había perdido. Los planes sociales ya no son un problema y estoy aprendiendo a que la alimentación es un proceso consciente y no una respuesta automática a la gestión de mis problemas. Gracias a las sesiones alternadas de dietética y psicología nutricional, estoy aprendiendo no solo a comer, sino también a gestionar mis emociones y reconectar conmigo misma para poder escucharme de nuevo. Es precioso ver los pequeños pasos que vas haciendo. Y además de mejorar mi relación con la comida, estoy enfocándome en lo que es para mí verdaderamente importante, en tener en cuenta mis valores y ser coherente en mi día a día. Sobre todo, he recuperado las ganas de hacer cosas y la ilusión por mis proyectos.